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Lunes, 18 Febrero 2013 02:09

EL TRABAJO REMUNERADO Y NO REMUNERADO

Diferencias de género. Por Diego Rubinzal

El empleo femenino remunerado se concentra en los servicios y, en menor medida, en el comercio. En cambio, las tasas de feminización son reducidas en el rubro manufacturero. Ese mapa sectorial del empleo femenino "tiene implicancias en la dinámica del empleo. Las ramas de actividad que concentran en mayor medida el empleo femenino explican su mayor estabilidad en relación con el ciclo económico, ya que se trata de actividades que tienen una menor elasticidad del empleo frente a la evolución del Producto, como son la salud y la educación, actividades que duplican la tasa de feminidad del conjunto de la economía", explican Ana Sofía Rojo y Lucía Tumini en Patrones de segregación de género en los sectores del empleo.

Los principales indicadores revelan la existencia de profundas inequidades de género en el mercado laboral argentino. Las mujeres ostentan mayores niveles de desocupación e informalidad –y perciben menores remuneraciones– que los trabajadores varones. A su vez, las divergentes tasas de actividad también dan cuenta de la desigualdad reinante. En ese sentido, las reducidas tasas femeninas revelan una doble cuestión:

1. La existencia de mayores dificultades de acceso al mercado de trabajo remunerado, y

2. las tareas del cuidado de niños, ancianos y del hogar en general recaen mayoritariamente sobre el universo femenino.

El tiempo dedicado por las mujeres de la ciudad de Buenos Aires a las tareas de cuidado y limpieza triplicaba al destinado por los hombres, de acuerdo con datos brindados por Valeria Esquivel en "Uso del tiempo en la ciudad de Buenos Aires". Por su parte, una investigación de la Universidad Nacional de San Martín reveló que el 88 por ciento de las mujeres contra apenas el 10,6 por ciento de los hombres se ocupan del cuidado de los niños menores de cinco años.

En el documento La economía de cuidado en la agenda para el desarrollo, las economistas Cynthia de Paz y Lucía Cirmi Obón sostienen que "la invisibilidad de la economía del cuidado y la consecuente persistencia de las desigualdades en la distribución de cuidado han derivado en la práctica en una legislación laboral diferenciada según el sexo, que se construyó entendiendo que son las mujeres quienes deben conciliar ambas actividades. Por ejemplo, el apartado sobre licencias de la Ley de Contrato de Trabajo 20.744 otorga noventa días a las trabajadoras embarazadas y sólo dos días a los trabajadores del sexo opuesto". Por el contrario, las leyes de los países escandinavos tienden a remover esos obstáculos que dificultan la inserción femenina en el mundo laboral remunerado.

En Francia también existe legislación en el mismo sentido. Por ejemplo, el programa PAJE (prestación de acogida al recién nacido) ofrece a las familias un extendido sistema de guarderías públicas o, en su defecto, la concurrencia al domicilio particular de personal calificado durante los primeros años de vida del niño. Ese servicio es gratuito para el caso de aquellas familias de menores ingresos. Además, "los padres también pueden optar por tomar una licencia extensa de trabajo, remunerada por el Estado, en la que ellos mismos se convierten en los cuidadores", detallan Cirmi Obón y De Paz.

En Latinoamérica, la legislación chilena prevé una licencia por maternidad extendida (42 días preparto y 84 días posparto) y un permiso posnatal de 12 semanas cobrando un ciento por ciento de subsidio o media jornada durante 18 semanas percibiendo un 50 por ciento de subsidio. El padre puede utilizar las últimas seis semanas de la licencia posnatal en reemplazo de la madre. En Brasil, la legislación –vigente desde 1998– garantiza la provisión de cuidados infantiles durante el período de lactancia.

"Argentina puede hoy encarar la visibilización del trabajo de cuidado como una transformación que elimine la desigualdad de oportunidades entre los sexos", concluyen De Paz y Cirmi Obón.

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Lunes, 10 Septiembre 2012 00:00

La inmigración paraguaya y el empleo femenino

Página 12, domingo, 9 de septiembre de 2012

Servicio doméstico

Por Julian Blejmar

"De los últimos años de crecimiento acelerado que tuvo la Argentina, no es descabellado afirmar que dos o tres puntos del Producto los aporta el trabajo de los inmigrantes en la construcción, textiles y actividades primario-intensivas." La estimación la realizó el Geógrafo e investigador de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Andrés Barsky, en diálogo con Cash. Diversas investigaciones ponen de manifiesto el alto impacto que tiene en la economía argentina el trabajo de los inmigrantes, fundamentalmente de Paraguay, Bolivia y Perú. Por ejemplo, el aporte que realizan las mujeres paraguayas en el servicio doméstico.

Este último rubro es la principal actividad de la inmigración paraguaya, que en nuestro país conforma la comunidad extranjera más numerosa, con una población de 550.700 personas, según el Censo 2010. El 56 por ciento está conformada por mujeres, y el 79 por ciento del total se encuentran dentro de la Población Económicamente Activa. El agregado cultural de la embajada paraguaya en la Argentina, Rodolfo Serafini, afirmó a Cash que las cifras del Censo 2001 y la Encuesta Complementaria de Migraciones Internacionales 2002-2003 muestran que cerca del 60 por ciento de las paraguayas trabajaban en el servicio doméstico, mientras que 32 por ciento, en la Construcción.

Estos datos relativos a ocupación laboral son presentados por el sociólogo e investigador de la UBA Sebastián Bruno, en su trabajo "Migrantes paraguayas y el servicio doméstico en Buenos Aires. Diferencias y desigualdades". En diálogo con Cash desde Asunción, donde se encuentra residiendo, Bruno señala que "el trabajo en hogares particulares es una categoría incómoda para la economía política, por no concebírselo como generador de mercancías y generador de plusvalía, más allá de que sí interviene en las tareas de reproducción de los hogares", al tiempo que agrega que es "invisibilizada la migración, invisibilizada la mujer migrante e invisibilizado el trabajo en hogares particulares".

En las más de un millón doscientos mil empleadas domésticas que según la Encuesta Permanente de Hogares hay en la Argentina, se calcula que alrededor del 15 por ciento son paraguayas. El 83 por ciento se encuentran trabajando en la informalidad, una cifra que más que duplica el promedio nacional. Si a este cuadro se le suma el referido en un informe sobre Inmigración del Ministerio del Interior, donde se plantea que el fenómeno de la segregación ocupacional vinculado con inequidades de género "es aún más significativo en el caso de las mujeres inmigrantes", es posible observar que esta invisibilización y consecuente tendencia a insertarse en el servicio doméstico por parte de la inmigración femenina paraguaya se encuentra ya cristalizada en el seno de la sociedad argentina.

El estudio "El papel de las migrantes paraguayas en la provisión de cuidados en Argentina", de Norma Sanchís y Corina Rodríguez Enríquez, investigadoras de ONU Mujeres, menciona particularidades del corredor migratorio Paraguay-Argentina, economías de tamaños asimétricos y desbalanceados niveles de desarrollo. Esto se desarrolla en una coyuntura de legislación y política argentina de puertas abiertas hacia los migrantes, mientras que, señalan, en el otro extremo de la cadena se identifica una demanda de fuerza laboral para trabajos reproductivos y de cuidado por parte de familias de Buenos Aires, con predominio de ambos cónyuges de clase media o media alta con hijos pequeños, luego de ancianos con invalideces residiendo en hogares unipersonales, y finalmente de adultos potencialmente autónomos y con hijos emancipados, pero que continúan su modalidad de contratación previa.

La alta disparidad en la realidad socioeconómica de ambos países, y la desprotección pública de la que son objeto las empleadas domésticas en la Argentina, que disminuye sensiblemente las posibilidades de ascenso social, dan cuenta entonces de este fenómeno sostenido a lo largo de los años. De hecho, según demuestra Bruno en su trabajo, cerca de la mitad de las paraguayas que llegaron a la Argentina hace más de 15 años para trabajar en el servicio doméstico, continúan haciéndolo, lo cual "indica que esta actividad no es sólo una alternativa transitoria de primer empleo, sino que tiende a ser una inserción estructuralmente permanente".

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Fragmento: Las desigualdades de género se originan en la división sexual del trabajo que asigna a las mujeres a la esfera de la reproducción en el ámbito de lo privado y no remunerado y los hombres a la esfera de la producción en el ámbito de lo público y remunerado. Ello, históricamente, ha fundamentado la definición de identidades y de proyectos de vida diferenciados para ambos sexos y ha justificado la distribución asimétrica y desigual del poder y los recursos.

En los últimos años, desde la economía feminista, se ha puesto énfasis en el estudio de la llamada “economía del cuidado” que refiere al espacio donde la fuerza de trabajo es reproducida y mantenida, incluyendo todas aquellas actividades que involucran las tareas de cocina y limpieza, el mantenimiento general del hogar y el cuidado de los niños, los enfermos y las personas con discapacidad. Un componente importante de esa economía del cuidado está a cargo de las familias (en regímenes de bienestar de corte “familista” como los que imperan en América Latina) y, en su interior, son las mujeres las que históricamente se han encargado de desarrollar esas tareas en forma no remunerada. Ello se complementa con los servicios provistos por el sector público y privado que componen la economía del cuidado remunerada.

Y, también, con los servicios que provee la comunidad y las ayudas informales entre hogares que forman parte de la economía remunerada y no remunerada. La forma en que se organiza la provisión de cuidado en la sociedad tiene importantes consecuencias para la igualdad de género, ya sea porque se incrementen las capacidades y opciones de las mujeres y los hombres, o se perpetúe el confinamiento de las mujeres a las funciones tradicionales de cuidado. A su vez, el cuidado (remunerado y no remunerado) es fundamental tanto para el bienestar humano, como para el desarrollo económico y social. Es un componente central en el mantenimiento y desarrollo del tejido social, tanto para la formación de capacidades como para su reproducción (...)

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Fragmento: 

Los niños y niñas nacidos en el siglo XXI son definitivamente modernos. Desde muy pequeños están acostumbrados a comunicarse por celular, correo electrónico y messenger. No les llama la atención la tele digital, ni que se pueda escuchar música en un aparato del tamaño del dedo pulgar. Se pasan horas en el ciber, jugando a juegos virtuales. No se escandalizan si el profesor de gimnasia es gay, o el
candidato a intendente es transexual.

Sin embargo, estos mismos niños y niñas modernos siguen preguntándole a mamá (en lugar de a papá) cuándo estará lista la cena. Le entregan a ella la ropa sucia del colegio. Le preguntan a ella que ropa ponerse al día siguiente. A lo sumo, van al supermercado con papá, o lo acompañan a sacar la basura afuera. Estos niños y niñas viven, en su mayoría, en hogares donde las obligaciones domésticas se reparten casi de la misma manera, como lo hacían nuestras mamás y nuestros papás.

Nadie puede negar que algunas cosas han cambiado. Ahora hay más mujeres que además de tener lista la cena, se pasan el día trabajando en la oficina, el negocio o la fábrica. También hay muchos
hogares con mamá y sin papá o viceversa, o con variadas combinaciones de mamás y papás. Y también es cierto que cada vez, papá y mamá, juntos o separados, tienen menos ganas de traer hermanitos al mundo. 

A pesar de estas lentas pero persistentes transformaciones, también resulta evidente que la organización del cuidado de los hijos y las hijas, en estos hogares cada vez más modernos, sigue siendo muy tradicional. Tal vez la división sexual del trabajo sea el espacio donde las transformaciones se están dando más lentamente. De esto trata el presente trabajo (...)

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Fragmento: Las Encuestas sobre el Uso del Tiempo (EUT) -cuyo desarrollo e implementación han sido promovidas desde la CEPAL- permiten, entre otros, explorar la distribución del tiempo al interior de los hogares, así como promover la formulación de políticas orientadas a una mejor distribución de actividades remuneradas y no remuneradas realizadas por los miembros que componen las familias, a partir de una edad determinada.

La temática que puede ser investigada a través de este valioso instrumento es muy amplia. Para abordarla en su totalidad y en forma óptima, se requeriría de recursos especialmente destinados a estos efectos para conformar un Programa Continuo de Encuestas del Uso del Tiempo que tenga una periodicidad de, al menos cada dos años, con fines de seguimiento.

Algunos países de América Latina han efectuado avances en este aspecto realizando Encuestas sobre el Uso del Tiempo con diversos objetivos. En forma sintética las Encuestas del Uso del Tiempo tienen como objetivo medir el tiempo dedicado a distintos tipos de actividades que realizan las personas. Este tipo de instrumento permite obtener una mejor y mayor visibilidad de todas las formas de trabajo que se realizan tanto fuera como dentro del hogar, sean éstas remuneradas o no remuneradas (...)

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Presentación: Los artículos contenidos en este volumen fueron presentados en la Reunión Técnica Subregional Encuestas sobre Uso del Tiempo y Trabajo no Remunerado, que se llevó a cabo en Montevideo, los días 28 y 29 de noviembre de 2006, la cual congregó a cerca de cien personas interesadas en conocer la situación actual de los estudios sobre el tema, tanto en América Latina como en España.

Esta reunión forma parte del proyecto Uso del tiempo y trabajo no remunerado de las mujeres en Brasil y Cono Sur, impulsado por el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), el cual tuvo el apoyo de la Comunidad de Madrid, a través de la Dirección General de la Mujer. Esta actividad fue organizada por UNIFEM, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Universidad de la República (UDELAR). Se contó asimismo con el auspicio del Grupo Interagencial de Población y Género del Sistema de las Naciones Unidas, el Instituto de las Mujeres (INAMU) y el Instituto Nacional de Estadística (INE) de Uruguay. UNIFEM a través del presente proyecto se suma a los esfuerzos que se están realizando en nuestra región, fundamentalmente por parte de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), a través de la Unidad Mujer y Desarrollo y la División Estadística.

Nuestro interés radica en:

1. Apoyar la realización de encuestas dentro de los sistemas estadísticos nacionales, con la finalidad de disponer de series de datos periódicos que den cuenta de las distintas actividades no remuneradas destinadas a satisfacer las necesidades humanas.

2. Promover intercambios y reflexiones conjuntas, que proporcionen la oportunidad de lograr acuerdos que permitan avanzar hacia la armonización de contenidos y clasificaciones, y hacia la definición de un conjunto de indicadores comparables.

3. Alentar el trabajo académico que permita continuar avanzando en el conocimiento del trabajo no remunerado, tanto en el plano conceptual
como empírico, de modo de aportar nuevas dimensiones que contribuyan al logro de mejores instrumentos y a potenciar las posibilidades de análisis de la información obtenida. 

Los objetivos de la reunión realizada en Montevideo fueron:

1. Conocer el estado de la producción de información sobre usos del tiempo y del trabajo no remunerado en los países de esta subregión.

2. Debatir la propuesta de aplicación de un módulo sobre usos del tiempo y trabajo no remunerado en Uruguay, como parte del acuerdo de cooperación entre UNIFEM y el INE de Uruguay.

3. Propiciar la formación de contactos entre los productores de información, los mecanismos de la mujer, el sector académico y la cooperación internacional. Abrieron el seminario Patricia Flores Cerdán, directora de la Dirección General de la Mujer de la Comunidad de Madrid; Carmen Beramendi, directora del Instituto de las Mujeres de Uruguay; Alicia Melgar, directora técnica del Instituto Nacional de Estadística de Uruguay; Ana Falú, directora regional de UNIFEM, y Pablo Mandeville, representante residente del PNUD.

La conferencia magistral estuvo a cargo de la doctora profesora María-Ángeles Durán del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España, quien disertó sobre “El desafío de una innovación necesaria: el trabajo no remunerado en las economías actuales”. La conferencia fue seguida de cuatro sesiones, las que se organizaron en los siguientes paneles:

1. Experiencias del proceso de incorporación del enfoque de género en las estadísticas de los países.

2. Avances en las estadísticas de género en la armonización y la articulación interinstitucional.

3. Importancia de la medición del trabajo no remunerado en las políticas públicas.

4. Enseñanzas y propuestas para la realización de encuestas sobre uso del tiempo y trabajo no remunerado en la región. Tras las presentaciones de cada panel se desarrolló un debate con participación de los y las asistentes. Esperamos que esta publicación responda al creciente interés de las personas responsables de elaborar políticas de igualdad, las/os investigadoras/es y activistas por disponer de conocimientos sobre el trabajo remunerado y no remunerado de mujeres y varones. Reconocemos que es una aproximación a un campo incipiente, aunque en pleno desarrollo, y que a medida que se avance en la concreción de encuestas habrá que hacer frente a desafíos conceptuales, metodológicos y técnicooperativos que en esta etapa apenas hemos abordado.

Rosario Aguirre. Coordinadora del proyecto Uso del tiempo y trabajo no remunerado de las mujeres en Brasil y Cono Sur, UNIFEM. Montevideo, mayo de 2007.

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Laura Avila, investigadora de la Universidad Nacional de San Juan, plantea en el presente trabajo: Las políticas públicas a pesar de sus efectos no han logrado desacelerar la precariedad, violencia y escasez que se profundiza día a día en las mujeres pobres. Como políticas de género, son un espacio de asignación de recursos para el sostenimiento de la reproducción social. Se percibe en este tipo de experiencias el rol tradicional de la mujer en cuanto a su trabajo abnegado, abandonada de sí, como activas colaboradoras de las políticas públicas, al ser ellas las que canalizan los servicios sociales y las economías hacia la familia. Esta participación es parte del mandato de "ser para otro", que se realiza a costa de restarle tiempo a los cuidados personales, capacitación y ocio.

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