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Fragmento: En este documento se analizan los principales cambios de la estructura socioocupacional ocurridos desde mediados de la década del noventa en el aglomerado Mar del Plata-Batán. Se sostiene como hipótesis la existencia de una creciente participación de la mano de obra femenina, la cual amplió la oferta de trabajo buscando compensar la pérdida de ingresos de los hogares y, al mismo tiempo, que es entre las mujeres donde se ha registrado un mayor incremento de la pobreza.

Si bien, los cambios en el mercado de trabajo argentino, como en el ámbito local, se remontan a fines de la década de los setenta y acusan una dimensión especialmente alarmante ya iniciados los noventa, el período que se analiza en este estudio se ajusta al lapso 1995-2002. Esto es en razón de que el principal instrumento para dar cuenta del comportamiento de las personas y los hogares en su relación con el mercado de trabajo, la Encuesta Permanente de Hogares, incorporó a Mar del Plata dentro del total de aglomerados urbanos a partir de la segunda onda de esa fecha.

Hasta entonces, los datos que explicaban la participación socio-ocupacional de la población en la zona sólo provenían de los censos de población y en 1991 los datos de desempleo eran de un dígito, por lo que no reflejaban aun la situación que años más tarde se mostró reveladora de deterioro económico y fragmentación social.

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Conclusiones: En síntesis, en la estructura productiva local, las mujeres siempre han tendido una elevada participación. La cual, en la medida que creció la oferta de servicios y se desarrollaron las manufactura, se ha ido incrementando. En los años noventa, con el aumento de la actividad y la crisis económica, muchas de ellas salieron al mercado laboral en parte como estrategia alternativa para completar los ingresos familiares. Esta situación, producto del deterioro, implicó aumentar sus tiempos de trabajo.

En este escenario, sin embargo, a pesar de no haber igualdad de oportunidades, la mano de obra femenina comenzó a diferenciarse por tener, en términos relativos, un mayor capital humano, más ocupación y menor desocupación. Situación ésta que se hace más evidente entre el personal asalariado.

Las desigualdades entre género surgen entonces de forma contundente a través de la segregación ocupacional y la discriminación salarial. De ambas situaciones dan cuenta los distintos abordajes metodológicos a los que fueron sometidos los datos. Asimismo, es
demostrativa de la condición diferente entre hombres y mujeres la calidad de los trabajos que desempeñan; ya que en siete años casi se ha duplicado el trabajo en negro de las asalariadas lo que conlleva la falta de protección social.

Finalmente, es ilustrativo que, a pesar de las bondades de dedicar menos horas al trabajo que los hombres, en esta realidad se oculta mucho de la subocupación que caracteriza al actual mercado de trabajo. Por otra parte, esa dedicación se refleja en los ingresos, que en el caso paradigmático del comercio muestra la mayor desigualdad, ya que las mujeres perciben $48 por cada $100 que ganan los hombres. 

Cabe aún reflexionar que a pesar de las asimetrías existentes, la mujer ha avanzado en su posicionamiento en relación con el empleo. Cuando, a todas luces, la situación laboral del aglomerado es una deuda social que afecta a la población

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Fragmento: En este documento se analizan, desde un enfoque de género, los principales cambios de la estructura socio-ocupacional ocurridos desde mediados de la década del noventa en el mercado laboral argentino, y particularmente en el aglomerado Mar del Plata-Batán.

Se sostiene como hipótesis la existencia de una creciente participación de la mano de obra femenina, la cual amplió la oferta de trabajo buscando compensar la pérdida de ingresos de los hogares y, al mismo tiempo, que es entre las mujeres donde se ha registrado un mayor incremento de la pobreza.

Si bien, estos cambios se remontan a fines de la década de los setenta y acusan una dimensión especialmente alarmante ya iniciados los noventa, el período que se analiza en este estudio se ajusta al lapso 1995-2002. Esto es en razón de que el principal instrumento para dar cuenta del comportamiento de las personas y los hogares en su relación con el mercado de trabajo, la Encuesta Permanente de Hogares –EPH-, incorporó a Mar del Plata dentro del total de aglomerados urbanos a partir de la segunda onda de esa fecha. Hasta entonces, los datos que explicaban la participación socio-ocupacional de la población en la zona sólo provenían de los censos de población y en 1991 los datos de desempleo eran de un dígito, por lo que no reflejaban aun la situación que años más tarde se mostró reveladora de deterioro económico y fragmentación social.

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Resumen: En este trabajo se muestra la composición de la brecha de ingresos entre hombres y mujeres asalariados mediante la aplicación de los métodos Blinder-Oaxaca y Cotton-Neumark.

El análisis se realiza enun aglomerado urbano donde el peso del sector servicios ofrece mayor empleabilidad a la mano de obra femenina. Los resultados encontrados permiten afirmar que la discriminación, entre todos los elementos considerados, es el factor causal de esta disparidad entre géneros.

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Resumen: En el presente trabajo se busca demostrar la existencia de una brecha de ingresos entre géneros para el aglomerado Mar del Plata-Batán tal cual se revela en diferentes estudios para el ámbito nacional. Según surge como conclusión de los mismos, la magnitud en que se presenta en la Argentina es aproximadamente del orden del 14% para el conjunto de los trabajadores y, específicamente, del 13% para los asalariados. El objetivo principal de este trabajo es analizar las diferencias de ingresos entre hombres y mujeres asalariados.

El estudio comprende la descripción de las estructuras distributivas (a través de las variables: educación, antigüedad, rama, nivel de calificación y horas semanales dedicadas al trabajo); la cuantificación de la brecha, y la determinación del porcentaje de la disparidad que es explicado por esas variables y por otros factores, tales como las restricciones familiares, la experiencia, el tamaño del establecimiento, entre otras.

Los resultados encontrados permiten afirmar que las estructuras distributivas son favorables a los varones, y por ende la brecha también. A su vez las características productivas, es decir la totalidad de las variables, explican solamente el 30% de la disparidad de ingresos entre géneros. El resto quedaría explicado por la conducta discriminatoria de los empleadores. La base informativa de estudio es la Encuesta Permanente de Hogares según datos recogidos en los años 1996 y 2000.

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Fragmento: En este estudio se analizan los principales cambios de la estructura socio-ocupacional durante el período 1995-2002 desde la perspectiva de género. Se sostiene como supuesto de partida que la creciente participación de la mano de obra femenina amplió la oferta de trabajo, favorecida, como señala Cortés (2003), por procesos culturales y sociales de largo plazo, pero también por la necesidad de compensar la pérdida de ingresos de los hogares.

Los cambios en el mercado de trabajo argentino, se remontan a fines de la década de los setenta y acusan una dimensión especialmente alarmante a principios de los noventa. Luego de iniciado el Plan de Convertibilidad en 1991, siguieron tres años de crecimiento económico, acompañado por un incremento de las tasas de empleo. Pero fue en 1995, durante la crisis del Tequila, cuando el desempleo aumentó y los ingresos cayeron fuertemente (...)

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Resumen: Qué es la pobreza, cómo medirla y cómo enfrentarla son las tres preguntas que este documento responde apoyándose en el andamiaje teórico de los estudios de género. Armonizar las políticas de crecimiento económico, equidad social e igualdad de género aparecen como un desafío impostergable. 

La pobreza como resultado de relaciones de poder que afectan de manera diferenciada a hombres y mujeres en primer lugar, pero también a indígenas y afrodescendientes, adultos mayores y habitantes de algunos territorios han llevado a ratificar la multidimensionalidad del fenómeno, las virtudes y limitaciones de las formas tradicionales de medirla, llamando la atención sobre dimensiones específicas que explican las desventajas de las mujeres: la invisibilidad del trabajo doméstico no remunerado, la pobreza de tiempo asociada a éste; la discriminación laboral y salarial contra las mujeres; la relevancia de los estudios sobre la familia desde una perspectiva de género y los desafíos para las políticas públicas.

Para evitar sesgos discriminatorios se plantea que es necesario desarrollar la autonomía económica de las mujeres y fomentar la conciliación de la vida privada con la doméstica alentando el ingreso masivo de los hombres a la esfera del cuidado.

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Fragmento: Políticas para superar la pobreza desde una perspectiva de género:

Los expertos coincidieron en que las políticas de combate contra la pobreza carecen del análisis de equidad, lo que impide el aprovechamiento de la inversión social y tiende a perpetuar la pobreza. Por ello, en el debate se reforzó la necesidad de transversalizar la perspectiva de género en todos los ámbitos institucionales e instalar en el núcleo de asuntos prioritarios el tema de género, lo que permitirá articular las políticas de superación de la pobreza con políticas de equidad de género.

Entre las áreas estratégicas a las cuales deben dirigirse estas políticas de género, los expertos indicaron la conciliación entre los ámbitos productivos y reproductivos, el empoderamiento de las mujeres y el fomento de la autonomía económica, física (derechos sexuales y reproductivos) y social (participación) de ellas.

En cuanto a las políticas conciliatorias de la vida familiar, se propuso mejorar el acceso y la calidad del empleo (remuneraciones, protección social); aumentar la responsabilidad de las entidades públicas en el cuidado infantil; fomentar cambios culturales que permitan valorizar y visibilizar el trabajo doméstico y que flexibilicen la división del trabajo remunerado y no remunerado por género; prevenir y atender a víctimas de violencia intrafamiliar, entre otras medidas (...)

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Fragmento: Existen desigualdades entre los sexos, en el acceso al mercado laboral, a los recursos productivos, a los activos generadores de ingresos, que limitan la autonomía económica y el acceso a la toma de decisiones principalmente de las mujeres.

- Reconocer y hacer explícitos estos factores dota de mayor profundidad al análisis de la pobreza y contribuye a encontrar políticas para enfrentarla.

- Para ello, se pueden identificar tres niveles de estudio:

- La medición de la pobreza en general
- La relación entre pobreza y género
- Las distintas propensiones a ser pobre según género

Para la medición de la pobreza existen dos grandes aproximaciones

- El enfoque monetario considera como pobres a las personas que viven en hogares cuyos recursos no alcanzan para adquirir una canasta básica de bienes y servicios.
- El enfoque no-monetario o multidimensional considera como pobres a las personas que sufren de carencias en uno o más ámbitos seleccionados.

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Fragmento: La literatura social y económica registra una amplia diversidad de enfoques relativos a la pobreza que durante mucho tiempo no tuvieron en consideración la dimensión de género.

Por su parte, la literatura feminista hasta los ochenta, tendió a destacar esa dimensión de una manera a veces limitada, lo que dificultó el análisis y la comprensión de la diversidad de relaciones entre pobreza y género. La compilación de artículos que presentamos tiene por objetivo rescatar la multidimensionalidad tanto conceptual como de medición de estas relaciones, indicando que el hecho de abordar la pobreza de las mujeres no necesariamente resuelve la discriminación de género.

Subrayar además, la importancia de una visión más compleja del fenómeno haciendo énfasis en la heterogeneidad de la situación de las mujeres y, en especial, de las que son pobres.

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