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Resumen Ejecutivo: A pesar de las expectativas creadas sobre los efectos beneficiosos del crecimiento del comercio internacional sobre el empleo, en Argentina no se constata que éste haya derivado en la creación de mejores oportunidades laborales, como tampoco que haya logrado un mejor aprovechamiento de las condiciones de calificación de la oferta de trabajo femenina.

Por otra parte, aún cuando las políticas económicas sean exitosas en la creación de empleo y, en particular, de empleo femenino, es preciso que se acompañen con políticas complementarias que atiendan la esfera reproductiva, es decir, que alivien a las mujeres de sus responsabilidades de cuidado en la familia y la comunidad. Esta es una condición necesaria para que las trabajadoras superen los obstáculos para un desempeño laboral equitativo. La dificultad para conciliar los trabajos del mercado y de cuidado, y por tanto disminuir la inequidad de género, se agudiza en las poblaciones y las regiones más pobres, e incide en la desigualdad social.

Este documento presenta un análisis vinculado con el proceso de liberalización comercial y sus impactos en el mercado de trabajo y en la equidad social y de género, y propone recomendaciones de políticas. Particularmente, argumenta sobre las potencialidades de las políticas de atención a niños pequeños, enfermos y discapacitados no sólo para contribuir a la justicia de género, sino también a la disminución de la pobreza como vía para el desarrollo y la equidad social.

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Fragmento: Las desigualdades de género se originan en la división sexual del trabajo que asigna a las mujeres a la esfera de la reproducción en el ámbito de lo privado y no remunerado y los hombres a la esfera de la producción en el ámbito de lo público y remunerado. Ello, históricamente, ha fundamentado la definición de identidades y de proyectos de vida diferenciados para ambos sexos y ha justificado la distribución asimétrica y desigual del poder y los recursos.

En los últimos años, desde la economía feminista, se ha puesto énfasis en el estudio de la llamada “economía del cuidado” que refiere al espacio donde la fuerza de trabajo es reproducida y mantenida, incluyendo todas aquellas actividades que involucran las tareas de cocina y limpieza, el mantenimiento general del hogar y el cuidado de los niños, los enfermos y las personas con discapacidad. Un componente importante de esa economía del cuidado está a cargo de las familias (en regímenes de bienestar de corte “familista” como los que imperan en América Latina) y, en su interior, son las mujeres las que históricamente se han encargado de desarrollar esas tareas en forma no remunerada. Ello se complementa con los servicios provistos por el sector público y privado que componen la economía del cuidado remunerada.

Y, también, con los servicios que provee la comunidad y las ayudas informales entre hogares que forman parte de la economía remunerada y no remunerada. La forma en que se organiza la provisión de cuidado en la sociedad tiene importantes consecuencias para la igualdad de género, ya sea porque se incrementen las capacidades y opciones de las mujeres y los hombres, o se perpetúe el confinamiento de las mujeres a las funciones tradicionales de cuidado. A su vez, el cuidado (remunerado y no remunerado) es fundamental tanto para el bienestar humano, como para el desarrollo económico y social. Es un componente central en el mantenimiento y desarrollo del tejido social, tanto para la formación de capacidades como para su reproducción (...)

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Fragmento: 

Los niños y niñas nacidos en el siglo XXI son definitivamente modernos. Desde muy pequeños están acostumbrados a comunicarse por celular, correo electrónico y messenger. No les llama la atención la tele digital, ni que se pueda escuchar música en un aparato del tamaño del dedo pulgar. Se pasan horas en el ciber, jugando a juegos virtuales. No se escandalizan si el profesor de gimnasia es gay, o el
candidato a intendente es transexual.

Sin embargo, estos mismos niños y niñas modernos siguen preguntándole a mamá (en lugar de a papá) cuándo estará lista la cena. Le entregan a ella la ropa sucia del colegio. Le preguntan a ella que ropa ponerse al día siguiente. A lo sumo, van al supermercado con papá, o lo acompañan a sacar la basura afuera. Estos niños y niñas viven, en su mayoría, en hogares donde las obligaciones domésticas se reparten casi de la misma manera, como lo hacían nuestras mamás y nuestros papás.

Nadie puede negar que algunas cosas han cambiado. Ahora hay más mujeres que además de tener lista la cena, se pasan el día trabajando en la oficina, el negocio o la fábrica. También hay muchos
hogares con mamá y sin papá o viceversa, o con variadas combinaciones de mamás y papás. Y también es cierto que cada vez, papá y mamá, juntos o separados, tienen menos ganas de traer hermanitos al mundo. 

A pesar de estas lentas pero persistentes transformaciones, también resulta evidente que la organización del cuidado de los hijos y las hijas, en estos hogares cada vez más modernos, sigue siendo muy tradicional. Tal vez la división sexual del trabajo sea el espacio donde las transformaciones se están dando más lentamente. De esto trata el presente trabajo (...)

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Fragmento: La relevancia del trabajo de cuidado para el funcionamiento del sistema económico ha sido discutida ampliamente en el campo de la economía feminista. Asimismo, se han señalado en diversos trabajos, las implicancias que la organización actual del cuidado tiene para la equidad de género, en los países de América Latina y el Caribe. La persistencia de la responsabilidad principal de las mujeres en el cuidado y la reproducción social, se encuentra en la base de la también persistente subordinación económica de las mujeres, por la vía principal de condicionar sensiblemente su inserción plena en el mercado laboral. 

Las acciones y políticas de conciliación entre la vida laboral y familiar se plantean como una herramienta útil para transformar esta situación. Se trata de aquellas intervenciones que buscan facilitar una combinación adecuada de inserción laboral, atención de las responsabilidades de cuidado, y disfrute del resto de los ámbitos de la vida personal, familiar y comunitaria (...)

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