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Fragmento: Las desigualdades de género se originan en la división sexual del trabajo que asigna a las mujeres a la esfera de la reproducción en el ámbito de lo privado y no remunerado y los hombres a la esfera de la producción en el ámbito de lo público y remunerado. Ello, históricamente, ha fundamentado la definición de identidades y de proyectos de vida diferenciados para ambos sexos y ha justificado la distribución asimétrica y desigual del poder y los recursos.

En los últimos años, desde la economía feminista, se ha puesto énfasis en el estudio de la llamada “economía del cuidado” que refiere al espacio donde la fuerza de trabajo es reproducida y mantenida, incluyendo todas aquellas actividades que involucran las tareas de cocina y limpieza, el mantenimiento general del hogar y el cuidado de los niños, los enfermos y las personas con discapacidad. Un componente importante de esa economía del cuidado está a cargo de las familias (en regímenes de bienestar de corte “familista” como los que imperan en América Latina) y, en su interior, son las mujeres las que históricamente se han encargado de desarrollar esas tareas en forma no remunerada. Ello se complementa con los servicios provistos por el sector público y privado que componen la economía del cuidado remunerada.

Y, también, con los servicios que provee la comunidad y las ayudas informales entre hogares que forman parte de la economía remunerada y no remunerada. La forma en que se organiza la provisión de cuidado en la sociedad tiene importantes consecuencias para la igualdad de género, ya sea porque se incrementen las capacidades y opciones de las mujeres y los hombres, o se perpetúe el confinamiento de las mujeres a las funciones tradicionales de cuidado. A su vez, el cuidado (remunerado y no remunerado) es fundamental tanto para el bienestar humano, como para el desarrollo económico y social. Es un componente central en el mantenimiento y desarrollo del tejido social, tanto para la formación de capacidades como para su reproducción (...)

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Fragmento: 

Los niños y niñas nacidos en el siglo XXI son definitivamente modernos. Desde muy pequeños están acostumbrados a comunicarse por celular, correo electrónico y messenger. No les llama la atención la tele digital, ni que se pueda escuchar música en un aparato del tamaño del dedo pulgar. Se pasan horas en el ciber, jugando a juegos virtuales. No se escandalizan si el profesor de gimnasia es gay, o el
candidato a intendente es transexual.

Sin embargo, estos mismos niños y niñas modernos siguen preguntándole a mamá (en lugar de a papá) cuándo estará lista la cena. Le entregan a ella la ropa sucia del colegio. Le preguntan a ella que ropa ponerse al día siguiente. A lo sumo, van al supermercado con papá, o lo acompañan a sacar la basura afuera. Estos niños y niñas viven, en su mayoría, en hogares donde las obligaciones domésticas se reparten casi de la misma manera, como lo hacían nuestras mamás y nuestros papás.

Nadie puede negar que algunas cosas han cambiado. Ahora hay más mujeres que además de tener lista la cena, se pasan el día trabajando en la oficina, el negocio o la fábrica. También hay muchos
hogares con mamá y sin papá o viceversa, o con variadas combinaciones de mamás y papás. Y también es cierto que cada vez, papá y mamá, juntos o separados, tienen menos ganas de traer hermanitos al mundo. 

A pesar de estas lentas pero persistentes transformaciones, también resulta evidente que la organización del cuidado de los hijos y las hijas, en estos hogares cada vez más modernos, sigue siendo muy tradicional. Tal vez la división sexual del trabajo sea el espacio donde las transformaciones se están dando más lentamente. De esto trata el presente trabajo (...)

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Fragmento: Las Encuestas sobre el Uso del Tiempo (EUT) -cuyo desarrollo e implementación han sido promovidas desde la CEPAL- permiten, entre otros, explorar la distribución del tiempo al interior de los hogares, así como promover la formulación de políticas orientadas a una mejor distribución de actividades remuneradas y no remuneradas realizadas por los miembros que componen las familias, a partir de una edad determinada.

La temática que puede ser investigada a través de este valioso instrumento es muy amplia. Para abordarla en su totalidad y en forma óptima, se requeriría de recursos especialmente destinados a estos efectos para conformar un Programa Continuo de Encuestas del Uso del Tiempo que tenga una periodicidad de, al menos cada dos años, con fines de seguimiento.

Algunos países de América Latina han efectuado avances en este aspecto realizando Encuestas sobre el Uso del Tiempo con diversos objetivos. En forma sintética las Encuestas del Uso del Tiempo tienen como objetivo medir el tiempo dedicado a distintos tipos de actividades que realizan las personas. Este tipo de instrumento permite obtener una mejor y mayor visibilidad de todas las formas de trabajo que se realizan tanto fuera como dentro del hogar, sean éstas remuneradas o no remuneradas (...)

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Resumen: Este nuevo libro de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) contiene 19 estudios de reconocidos especialistas
sobre las transformaciones de las familias y la necesidad de adaptar las políticas públicas a los cambios que estas han registrado.

Los textos están agrupados en dos secciones. En la primera, “Los grandes cambios del contexto familiar”, se analizan las transformaciones sociales, económicas y culturales que han afectado a las familias, y se examinan las principales formas en que las familias latinoamericanas han compensado las carencias del Estado en la provisión del bienestar social y los nuevos desafíos que les imponen los cambios globales.

La segunda sección, “Políticas orientadas a las familias latinoamericanas”, se divide en dos partes. En la primera: “El marco de las políticas”, se analiza la diversidad de las políticas dirigidas a las familias y sus efectos en términos de inclusión social y bienestar, enmiendas legislativas, cuidado
familiar y la conciliación entre familia y trabajo, en un nuevo contexto de políticas públicas. Además, se abordan los cuestionamientos que el sistema de género plantea a las políticas de familia y sociales en general, y los nuevos retos que encierran los cambios demográficos, sociales y culturales para la solidaridad intergeneracional y social.

En la segunda parte, “Financiamiento y gestión de las políticas”, se reflexiona sobre las dificultades de financiamiento de las políticas sociales y, sobre todo, las orientadas a las familias. Se analiza también a las familias como unidad de intervención, a partir de lo observado en la ejecución de programas destinados a la reducción de la pobreza, y se retoma el debate sobre las modalidades que adoptan las políticas, de protección, de asistencia y de bienestar social. Por último, se analizan críticamente la aplicación de diversas políticas en los países y se proponen políticas ciudadanas y democráticas en las que se tomen en consideración los grandes cambios de las familias y de su entorno.

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Resumen: Las estadísticas de género han sido reconocidas como una herramienta imprescindible para dar visibilidad a las distintas manifestaciones de las desigualdades de género. En esta publicación se presenta un conjunto de indicadores que proveen un amplio panorama de cifras relativas a la situación demográfica y familiar, los niveles educativos, el trabajo remunerado y no remunerado, la salud y la participación política de las mujeres en comparación con los hombres. Se dedica especial atención a la pobreza y a los sesgos de género teóricos y metodológicos que subyacen tras su medición, junto con destacar la necesidad de demostrar empíricamente fenómenos tales como la falta de autonomía económica y la mayor vulnerabilidad a la pobreza que las afecta.

La información que se presenta proviene de una recopilación y sistematización de datos de diversas fuentes, entre otras estimaciones y proyecciones de organismos internacionales e información derivada del procesamiento de encuestas de hogares proporcionada por los sistemas estadísticos de los países de América Latina. En la selección de los indicadores se ha dado primordial importancia a los que posibilitan la comparación internacional y que mantienen la necesaria periodicidad para monitorear el grado de avance hacia la igualdad de género a nivel nacional y regional.

El análisis de los datos deja en evidencia los principales problemas y desventajas que enfrentan las mujeres, en tanto que los gráficos permiten
apreciar la magnitud de las brechas y la evolución de la desigualdad de género a lo largo del tiempo. Se examinan también aspectos metodológicos relacionados con la producción de estadísticas desde una perspectiva de género y se identifican los vacíos de información en áreas relevantes.

Para una mejor comprensión de los lectores y a fin de facilitar el uso de los datos, se incluye en CD-ROM un anexo estadístico que contiene
información comparada de países.

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