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Martes, 27 Agosto 2013 13:18

PRIORIZAR LA EQUIDAD

BOLETIN DE PROTECCIÓN SOCIAL DE CIPPEC Número 23/Agosto de 2013

Editorial

El rol de la evidencia en las políticas de protección social en América Latina

En los ámbitos académicos existe un reconocimiento indisputado sobre la relevancia de utilizar evidencia empírica rigurosamente obtenida para el diseño, para el monitoreo de la implementación, y para la evaluación de las políticas públicas. En el campo específico de las políticas de protección social, existen diversos grados de avance sobre el uso de evidencia en los distintos países de América Latina.

En el diseño de políticas de protección social, el uso de la evidencia contribuye a que se proyecten políticas mejor dirigidas a atender los principales problemas sociales identificados y, en caso que sea necesario, afinar la priorización de territorios o poblaciones. Una herramienta útil en este sentido, por ejemplo, han sido los Observatorios de Empleo y Producción. Estas herramientas contribuyen a brindar información sobre la oferta y la demanda laboral que luego puede ser utilizada para diseñar espacios de formación profesional o incentivos para las empresas u otras intervenciones que contribuyan a mejorar la empleabilidad de la población, los niveles y la calidad del empleo.

En la implementación de políticas de protección social, la evidencia cobra un rol central para monitorear que la intervención efectivamente vaya contribuyendo a sus objetivos. Los sistemas integrados de información social resultan fundamentales en este sentido, ya que al contar con información actualizada sobre la situación de las familias, resulta posible ir identificando potenciales cuellos de botella o déficits en la gestión que se pueden ir subsanando.

Finalmente, la evidencia resulta fundamental en la evaluación de las políticas de protección social. Por ejemplo, se han visto experiencias (como las de México y Brasil) en las que gracias a la rigurosidad de las evaluaciones de impacto de los programas de transferencia con corresponsabilidad, se ha logrado legitimar y blindar estas intervenciones.

En todo el ciclo de las políticas de protección social la información resulta fundamental para mejorar su desempeño. Para que esto sea posible, es clave contar con herramientas de gestión que faciliten el relevamiento, la lectura y la identificación de las implicancias de la evidencia que va surgiendo, y que ésta sea actualizada periódicamente.

El rol de la evidencia en las políticas de protección social puede ser potenciado (y a su vez potenciar) la función de planificación, que también ha tenido muy diversos grados de desarrollo en los países de la región y en muchos casos permanece una importante deuda pendiente.

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Publicado en Novedades

Fragmento: En este documento se analizan los principales cambios de la estructura socioocupacional ocurridos desde mediados de la década del noventa en el aglomerado Mar del Plata-Batán. Se sostiene como hipótesis la existencia de una creciente participación de la mano de obra femenina, la cual amplió la oferta de trabajo buscando compensar la pérdida de ingresos de los hogares y, al mismo tiempo, que es entre las mujeres donde se ha registrado un mayor incremento de la pobreza.

Si bien, los cambios en el mercado de trabajo argentino, como en el ámbito local, se remontan a fines de la década de los setenta y acusan una dimensión especialmente alarmante ya iniciados los noventa, el período que se analiza en este estudio se ajusta al lapso 1995-2002. Esto es en razón de que el principal instrumento para dar cuenta del comportamiento de las personas y los hogares en su relación con el mercado de trabajo, la Encuesta Permanente de Hogares, incorporó a Mar del Plata dentro del total de aglomerados urbanos a partir de la segunda onda de esa fecha.

Hasta entonces, los datos que explicaban la participación socio-ocupacional de la población en la zona sólo provenían de los censos de población y en 1991 los datos de desempleo eran de un dígito, por lo que no reflejaban aun la situación que años más tarde se mostró reveladora de deterioro económico y fragmentación social.

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Conclusiones: En síntesis, en la estructura productiva local, las mujeres siempre han tendido una elevada participación. La cual, en la medida que creció la oferta de servicios y se desarrollaron las manufactura, se ha ido incrementando. En los años noventa, con el aumento de la actividad y la crisis económica, muchas de ellas salieron al mercado laboral en parte como estrategia alternativa para completar los ingresos familiares. Esta situación, producto del deterioro, implicó aumentar sus tiempos de trabajo.

En este escenario, sin embargo, a pesar de no haber igualdad de oportunidades, la mano de obra femenina comenzó a diferenciarse por tener, en términos relativos, un mayor capital humano, más ocupación y menor desocupación. Situación ésta que se hace más evidente entre el personal asalariado.

Las desigualdades entre género surgen entonces de forma contundente a través de la segregación ocupacional y la discriminación salarial. De ambas situaciones dan cuenta los distintos abordajes metodológicos a los que fueron sometidos los datos. Asimismo, es
demostrativa de la condición diferente entre hombres y mujeres la calidad de los trabajos que desempeñan; ya que en siete años casi se ha duplicado el trabajo en negro de las asalariadas lo que conlleva la falta de protección social.

Finalmente, es ilustrativo que, a pesar de las bondades de dedicar menos horas al trabajo que los hombres, en esta realidad se oculta mucho de la subocupación que caracteriza al actual mercado de trabajo. Por otra parte, esa dedicación se refleja en los ingresos, que en el caso paradigmático del comercio muestra la mayor desigualdad, ya que las mujeres perciben $48 por cada $100 que ganan los hombres. 

Cabe aún reflexionar que a pesar de las asimetrías existentes, la mujer ha avanzado en su posicionamiento en relación con el empleo. Cuando, a todas luces, la situación laboral del aglomerado es una deuda social que afecta a la población

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Fragmento: En este documento se analizan, desde un enfoque de género, los principales cambios de la estructura socio-ocupacional ocurridos desde mediados de la década del noventa en el mercado laboral argentino, y particularmente en el aglomerado Mar del Plata-Batán.

Se sostiene como hipótesis la existencia de una creciente participación de la mano de obra femenina, la cual amplió la oferta de trabajo buscando compensar la pérdida de ingresos de los hogares y, al mismo tiempo, que es entre las mujeres donde se ha registrado un mayor incremento de la pobreza.

Si bien, estos cambios se remontan a fines de la década de los setenta y acusan una dimensión especialmente alarmante ya iniciados los noventa, el período que se analiza en este estudio se ajusta al lapso 1995-2002. Esto es en razón de que el principal instrumento para dar cuenta del comportamiento de las personas y los hogares en su relación con el mercado de trabajo, la Encuesta Permanente de Hogares –EPH-, incorporó a Mar del Plata dentro del total de aglomerados urbanos a partir de la segunda onda de esa fecha. Hasta entonces, los datos que explicaban la participación socio-ocupacional de la población en la zona sólo provenían de los censos de población y en 1991 los datos de desempleo eran de un dígito, por lo que no reflejaban aun la situación que años más tarde se mostró reveladora de deterioro económico y fragmentación social.

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Resumen: En este trabajo se muestra la composición de la brecha de ingresos entre hombres y mujeres asalariados mediante la aplicación de los métodos Blinder-Oaxaca y Cotton-Neumark.

El análisis se realiza enun aglomerado urbano donde el peso del sector servicios ofrece mayor empleabilidad a la mano de obra femenina. Los resultados encontrados permiten afirmar que la discriminación, entre todos los elementos considerados, es el factor causal de esta disparidad entre géneros.

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Resumen: En el presente trabajo se busca demostrar la existencia de una brecha de ingresos entre géneros para el aglomerado Mar del Plata-Batán tal cual se revela en diferentes estudios para el ámbito nacional. Según surge como conclusión de los mismos, la magnitud en que se presenta en la Argentina es aproximadamente del orden del 14% para el conjunto de los trabajadores y, específicamente, del 13% para los asalariados. El objetivo principal de este trabajo es analizar las diferencias de ingresos entre hombres y mujeres asalariados.

El estudio comprende la descripción de las estructuras distributivas (a través de las variables: educación, antigüedad, rama, nivel de calificación y horas semanales dedicadas al trabajo); la cuantificación de la brecha, y la determinación del porcentaje de la disparidad que es explicado por esas variables y por otros factores, tales como las restricciones familiares, la experiencia, el tamaño del establecimiento, entre otras.

Los resultados encontrados permiten afirmar que las estructuras distributivas son favorables a los varones, y por ende la brecha también. A su vez las características productivas, es decir la totalidad de las variables, explican solamente el 30% de la disparidad de ingresos entre géneros. El resto quedaría explicado por la conducta discriminatoria de los empleadores. La base informativa de estudio es la Encuesta Permanente de Hogares según datos recogidos en los años 1996 y 2000.

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Fragmento: En este estudio se analizan los principales cambios de la estructura socio-ocupacional durante el período 1995-2002 desde la perspectiva de género. Se sostiene como supuesto de partida que la creciente participación de la mano de obra femenina amplió la oferta de trabajo, favorecida, como señala Cortés (2003), por procesos culturales y sociales de largo plazo, pero también por la necesidad de compensar la pérdida de ingresos de los hogares.

Los cambios en el mercado de trabajo argentino, se remontan a fines de la década de los setenta y acusan una dimensión especialmente alarmante a principios de los noventa. Luego de iniciado el Plan de Convertibilidad en 1991, siguieron tres años de crecimiento económico, acompañado por un incremento de las tasas de empleo. Pero fue en 1995, durante la crisis del Tequila, cuando el desempleo aumentó y los ingresos cayeron fuertemente (...)

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Fragmento: El trabajo que a continuación se presenta se estructura en tres secciones.

En el capítulo I se describe el comportamiento del mercado laboral nacional en el marco de las transformaciones de las últimas dos décadas, período que es analizado desde los supuestos explicativos de la crisis del trabajo y su recuperación. Contexto que permite abordar la problemática central de este estudio a partir de la descripción de la calidad del empleo y la identificación de los factores de discriminación por género, raza y etnia.

En el capítulo II, se reconstruyen las acciones implementadas para facilitar la inclusión de ambos colectivos sociales en el ámbito laboral desde la esfera pública. Para finalizar en el III capítulo, en el cual se sintetizan las reflexiones sobre las debilidades y fortalezas que el escenario actual presenta como facilitador y promotor de buenas prácticas con relación a los objetivos de equidad de género y raza/etnia.

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Jueves, 19 Julio 2012 16:21

Mujeres trabajadoras en Mar del Plata

Introducción: Según estudios realizados por la Organización Internacional del Trabajo difundidos el pasado 8 de marzo, fecha en que se conmemora el día internacional de la mujer, las mujeres representan el 60% de los 550 millones de trabajadores pobres en el mundo que sobreviven con menos de U$S 1 diarios. Aseveran también, que la tasa de desocupación de las mujeres es aproximadamente 4 puntos porcentuales mayor que la de los hombres y perciben ingresos un 20% por debajo de éstos, aún cuando tengan la misma capacidad y formación. Situación que persiste a pesar que durante los últimos años unos 200 millones de mujeres se sumaron al mercado de trabajo, reproduciendo tanto la discriminación como la segregación entre géneros. Cuestión que se pone de manifiesto cuando se analiza la jerarquía de los puestos de trabajo que ocupan. 

En América Latina, el último informe de CEPAL da cuenta que alrededor de la mitad de las mujeres mayores de 15 años no tienen ingresos propios, mientras que cerca del 20% de los hombres se encuentran en esta situación. Como así también que en 2002, el índice de feminidad de la pobreza en las zonas urbanas entre mujeres de 20 a 59 años era superior a 100 en 17 de los 18 países analizados de la región. 

Si bien, concluye el análisis, los datos disponibles muestran que las mujeres latinoamericanas contribuyen de manera significativa a la reducción de la pobreza sufren con mayor severidad sus efectos, lo cual las incentiva a acceder al mercado de trabajo. Durante la  década de los noventa y hasta el 2002 se observó una tendencia creciente tanto en el desempleo masculino como en el femenino; sin embargo, hay una diferencia importante entre estos grupos, ya que el incremento del desempleo masculino entre 1990 y 2002 fue de 3,4 puntos porcentuales, mientras que el femenino alcanzó un incremento de 6 puntos porcentuales.

Esta situación, que habla de desigualdades y postergación, que contribuye al disciplinamiento social y restringe las posibilidades para salir de la pobreza, alcanzó en la Argentina de los últimos años niveles impensados. Tan solo en Mar del Plata, territorio al que se centrará este estudio, las mujeres pobres pasaron de ser el 11% en 1995, al 24% en el 2002.

Resulta incongruente que en un país rico se haya llegado a tal nivel de crisis y al mismo tiempo es notable cómo las mujeres se han abierto paso para cambiar el presente. En este punto se presenta de interés conocer, a través de la historia de dos mujeres pobres, cuáles han sido las estrategias para sobrevivir y garantizar la supervivencia de sus hogares, cómo perciben su propia lucha, qué posibilidades han tenido de elegir, cómo ejercen sus derechos ciudadanos, y con qué grado de libertad sus opciones.

Las vidas de estas mujeres transcurren en Mar del Plata, un espacio privilegiado del litoral costero argentino.

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Fragmento: El tratamiento de la problemática antedicha requiere la estimación de tres ejes fundamentales interconectados, a saber: 

1) Situación de precariedad acentuada, característica de un número creciente de las inserciones de la PEA en el mercado laboral, lo cual afecta en especial a las mujeres pertenecientes a los segmentos socioeconómicamente carenciados, potenciada en el transcurso del auge neoliberal de los años noventa; tal estado resulta acentuado al interior de los grupos sociales indigentes. Ese posicionamiento conlleva, además de mayores niveles de informalidad ocupacional, ingresos comparativamente inferiores con respecto al género masculino, concentración prioritaria en algunas ramas de servicios, particularmente los personales, junto a otras actividades subproductivas y -por ende- con bajas remuneraciones, etcétera.

2) En las unidades domésticas sumidas en la pobreza extrema, las mujeres cumplen la función de cabeza de familia, con mayor frecuencia que en las formadas por “no pobres”, en tanto consecuencia del abandono de dicho rol por parte de los antiguos “jefes”, desempleados u ocupados en la realización de trabajos marginales.

3) Las mujeres constituyen, teniendo en cuenta lo expuesto, el nexo primordial de los hogares carenciados, con relación a los programas públicos “focalizados” de contención de la pobreza.

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